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sábado, 17 de diciembre de 2011

¡Kiss me til you are drunk and I´ll show you!

Es tan relativo.... Uno dice "Bien" cuando se le pregunta como esta, la verdad es que cada persona es un mundo y si te pones a pensar, nadie quiere saber los problemas de otros. 

Tus problemas pasan a un segundo plano cuando la persona con la que hablas esta mas ensimismada en su vida que en escuchar la tuya, es asi. Es triste, pero es asi.

Otra cosa que me diferencia del mundo, supongo... Porque mi forma de vivir es escuchar los problemas de otras personas. Creo que en parte es por esa razon mi sueño de ser psicologa. Por mas que todos los que me rodeen digan que es una farsa la profesion y hasta yo misma lo piense de algunos profesionales en el campo humanistico de la escucha-respuesta. 

No voy  a ser una farsante. Yo soy una persona que me encariño mucho con las personas y muy rapido. Es malo eso y lo voy aprendiendo de apoquito y por las malas. Pero voy a intentar ayudar a las personas desde lo mas profundo de mi corazon. Yo no voy a ser falsa. 

Yo no quiero plata. Yo quiero ayudar. Asi como nadie me ayudo. Asi como tanto necesite. Yo quiero ser eso que nunca nadie fue para mi. Quiero ser un alguien para ese nadie. Aunque sea nadie, yo quiero intentar ser ALGO.

sábado, 10 de diciembre de 2011

viernes, 9 de diciembre de 2011

Capitulo 2:


 “¿Que hacés?” Me dijo en un tono de voz expresivamente confundido.

“Esperá, ya vas a ver.” Contesté, mientras que con una habilidad cuasi japonesa (lo único en lo que soy o puedo considerarme realmente buena) armé con un trocito de papel una grulla.
Se quedó mirándola, achinó los ojos y la observó inclinando la cabeza hacia un costado como un nene al cual se le presenta una situación de dificultad mayor a la de su capacidad de entendimiento. Me reí por la reacción, no era la que tenía en mente que podría suceder.

“Una grulla amor. Mirá… Vuela.” Como quien sacude un sonajero delante de un bebé para lograr sacarle una sonrisa, hice que mi grulla moviera las alitas acercándola a su nariz. Lo hice reír y me sentí mas libre de presión. Mientras me reía cual nena que logró su cometido, el se propuso abrazarme delicadamente apoyando sus manos entrelazadas detrás de mi espalda y su cadera bien pegada a la mía; una posición increíblemente cómoda, debo agregar. Me sentí protegida. Feliz… Feliz como nunca.
Acercó su cara lentamente a la mía y mirándome con sus ojos negro azabache intenso me dedicó esa mirada que me desarmaba, me dejaba sin fuerzas. Lo único que podía hacer era acomodarme en sus brazos e intentar disfrutar de ese abrazo, que suplicaba, nunca terminara. Acerco su boca a mi oído, cuidando cada detalle y mitad suspiro, mitad frase, susurró: “Te amo.”

Casi por instinto busqué su boca como necesitada, con un deseo irrefrenable. Cuando me besaba me sentía completa. Sin importar el otro trillón de personas en el mundo, sin importar razones y sin considerar pros ni contras. Solo él, yo, y esas ganas de querer permanecer de esa forma por siempre. Entrelazados y sin importarnos quien pudiera estar mirando, se esparció ese fuego irrefrenable que siempre sentía al besarlo. Se esparció por mi cuerpo y como lava ardiente quemaba cada parte de mi ser con un sello que implicaba una marca segura por el resto de mi vida. Un ardor invisible que tatuaría un “para siempre” en mis venas.


Así fue que al dejarlo, esa tristeza que corría por mis venas me suplicaba ser libre. Mi cuerpo me pedía a gritos liberar ese veneno que trababa a mi sangre dejándome jadeante en el suelo apoyando una mano en el piso por el mareo y otra en mi pecho para acompasar mis inhalaciones con la cara salada de lágrimas entre secas y nuevas que seguían cayendo. 

Junté fuerzas con una gran bocanada de aire y busqué la gillette que había dejado en el piso. Me recosté sobre la pequeña pared de la ducha y me hundí el filo del lado derecho sobre la piel de la cadera. Un lugar seguro, nadie me revisaría ahí. Rapidamente se produjo un color blancuzco alrededor de la herida con el que ya estaba familiarizada de la que luego brotó un líquido mas bien espeso, … Carmesí.


Me sentí mejor. Ya con el veneno fuera de mí me sentí mejor. 


…Ya todo pronto estaría bien, me dije.